¿Qué es una rotura del ligamento cruzado posterior?
Una rotura del ligamento cruzado posterior (LCP) es una lesión de uno de los ligamentos críticos que estabilizan la articulación de la rodilla. El LCP está situado en la parte posterior de la rodilla y conecta el hueso del muslo (fémur) con el hueso de la espinilla (tibia). Impide que la tibia se desplace demasiado hacia atrás con respecto al fémur, lo que es crucial para mantener la estabilidad de la rodilla. Las roturas del LCP son menos frecuentes que las del ligamento cruzado anterior (LCA) y suelen producirse por un golpe directo en la parte delantera de la rodilla, a menudo durante la práctica de deportes o en accidentes de tráfico.
Síntomas de las roturas del LCP
Los síntomas de una rotura del LCP pueden variar en función de la gravedad de la lesión. Entre los signos más comunes se incluyen:
- Dolor inmediato en el momento de la lesión, a menudo localizado en la parte posterior de la rodilla. El dolor puede ser leve al principio, pero puede empeorar con el tiempo.
- Hinchazón en la rodilla que se desarrolla a las pocas horas de la lesión. Esta hinchazón puede ir acompañada de rigidez.
- Una sensación de inestabilidad o de "ceder" en la rodilla, sobre todo al caminar o soportar peso. Esto se debe a la función comprometida del LCP para estabilizar la rodilla.
- Dificultad para extender o flexionar completamente la rodilla. La rodilla puede sentirse rígida y restringida en sus movimientos.
- Pueden aparecer hematomas alrededor de la zona de la rodilla unos días después de la lesión.
- La sensibilidad en la parte posterior de la rodilla, donde se encuentra el LCP, suele notarse durante la exploración física.
Causas de las roturas del LCP
Un impacto fuerte o un traumatismo en la rodilla suelen causar roturas del LCP. Las causas comunes de rotura incluyen:
- Un fuerte impacto en la parte delantera de la rodilla, como golpearse contra el salpicadero en un accidente de coche o caer sobre una rodilla flexionada, puede empujar la tibia hacia atrás y desgarrar el LCP.
- Los deportes de contacto como el fútbol americano, el fútbol y el rugby suelen implicar choques y caídas que pueden provocar lesiones del LCP. Los deportistas que realizan acciones como aterrizar torpemente o hiperextender la rodilla corren un mayor riesgo.
- Caer directamente sobre una rodilla flexionada puede generar la fuerza suficiente para desgarrar el LCP. Esto es habitual en actividades con riesgo de caída, como el esquí o la gimnasia.
- La hiperextensión de la rodilla, en la que se la fuerza a doblarse hacia atrás más allá de su rango normal, puede estirar y desgarrar el LCP.
- Una torsión grave de la rodilla, especialmente cuando se planta el pie y el cuerpo gira, también puede provocar un desgarro del LCP.
Un desgarro del LCP puede dar lugar a una rodilla con deficiencia del LCP, que se vuelve inestable y puede provocar una discapacidad recurrente y reducir la eficacia de la actividad, especialmente en los atletas.










