¿Qué es el sistema de clasificación de Gartland?
El sistema de Clasificación de Gartland es un método utilizado para categorizar la gravedad de las fracturas de tipo extensión en el húmero supracondilar del codo basándose en el desplazamiento en el plano sagital. Esta clasificación categoriza la gravedad de las fracturas supracondíleas desplazadas y es crucial, ya que ayuda a orientar el enfoque del tratamiento y a predecir las posibles complicaciones. El sistema divide las fracturas en tres tipos principales en función del grado de desplazamiento de los fragmentos óseos.
Tipo I
Las fracturas de tipo I se consideran no desplazadas, lo que significa que el hueso permanece alineado correctamente a pesar de la fractura. Estas fracturas pueden no ser fácilmente visibles en las radiografías y suelen requerir un tratamiento conservador, como la inmovilización con una escayola.
Tipo II
Las fracturas de tipo II implican un desplazamiento parcial del hueso, en el que una bisagra sigue intacta. Esto significa que mientras parte del hueso se ha desplazado, otro segmento permanece en su sitio, manteniendo cierta conexión. En las lesiones de tipo II, el desplazamiento aún puede permitir que la línea anterior del húmero se cruce con parte del capitellum, a diferencia de lo que ocurre en los desplazamientos más graves. Sin embargo, este tipo ya puede provocar una deformidad del plano sagital, al igual que los tipos más graves. El tratamiento suele implicar la inmovilización y puede requerir la manipulación bajo anestesia para realinear el hueso.
Tipo III
Las fracturas de tipo III, al estar completamente desplazadas, conllevan un mayor riesgo de complicaciones como parálisis del nervio cubital y lesión del nervio cubital. Son las más graves y requieren una intervención quirúrgica para realinear y estabilizar los fragmentos óseos, a menudo utilizando clavos u otros herrajes. El riesgo de complicaciones, incluidas las lesiones nerviosas y vasculares, es mayor con las fracturas de tipo III. Las de tipo II y III se consideran fracturas supracondíleas desplazadas, que requieren una intervención más intensiva. El tipo III puede dar lugar a problemas peores como la deformidad del plano coronal o el síndrome compartimental.
Tipo IV
Las fracturas de tipo IV, que inicialmente no formaban parte de la clasificación original de Gartland, se añadieron posteriormente para tener en cuenta las fracturas supracondíleas pediátricas del húmero que presentan una mayor inestabilidad. Las fracturas de tipo IV se caracterizan por un desplazamiento completo sin contacto cortical y una alteración de la charnela perióstica, lo que provoca una inestabilidad multidireccional. Esto significa que la fractura es inestable tanto en flexión como en extensión, a diferencia de los otros tipos de Gartland (I-III), que mantienen cierto grado de contacto cortical o una charnela posterior intacta, lo que las hace más estables. Las fracturas de tipo IV requieren un tratamiento quirúrgico más amplio, como la reducción abierta y la colocación percutánea de clavos, en comparación con los otros tipos de Gartland, que pueden ser susceptibles de reducción cerrada y colocación de clavos. Al igual que el tipo III, el tipo IV puede provocar una mala alineación del plano coronal y un síndrome compartimental.