¿Cómo se diagnostica y trata la disociación?
El proceso de diagnóstico de la disociación lo llevarán a cabo profesionales de la salud mental, concretamente psicólogos y psiquiatras. En primer lugar, estos profesionales recopilarán información sobre los síntomas de disociación, las experiencias, las respuestas emocionales y los antecedentes de la persona. Pueden hacerlo entrevistando al paciente y a su familia, amigos, colegas, pareja(s) o cualquier persona que haya sospechado u observado su disociación.
También deben evaluar a los pacientes utilizando evaluaciones clínicas estandarizadas para valorar sus síntomas de disociación y su gravedad.
Algunos ejemplos de estas evaluaciones son la Escala del subtipo disociativo del TEPT (DSPS) y la Escala de experiencias disociativas (DES).
La primera les formula preguntas que giran en torno a las experiencias disociativas y les pide que indiquen si les ocurrió una experiencia concreta. En caso afirmativo, que indiquen con qué frecuencia la experimentan, especialmente si ocurrió en el mes en el que están siendo evaluados.
Esta última enumera varias experiencias disociativas, y el paciente que la contesta debe indicar un porcentaje entre el 0% y el 100%. Estos porcentajes representan la frecuencia con la que les ocurren estas experiencias, siendo 0% nunca y 100% siempre.
Otra cosa que deben hacer los profesionales es descartar problemas como lesiones cerebrales, trastornos de ansiedad, trastornos del estado de ánimo y otros problemas neurológicos y de salud mental.
Después de obtener todo el conocimiento que puedan sobre sus pacientes, los profesionales deben cotejar sus hallazgos con los criterios para la disociación establecidos por la edición más reciente del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Pueden hacer un diagnóstico oficial si toda la información que han reunido coincide con los criterios.