¿Cuál es la importancia de poder comunicar sus emociones?
Comunicar sus emociones y sentimientos es una habilidad (saludable) que hay que tener. Hacerlo nos permite ser conscientes de nosotros mismos y comprender lo que sentimos, tanto si son positivos (por ejemplo, felicidad, fascinación, dicha) como negativos (por ejemplo, miedo, arrepentimiento, amargura).
Ser conscientes de nuestros sentimientos nos hace estar mejor preparados para afrontarlos, lo que facilita que los compartamos con los demás. Esto puede hacer que los demás nos comprendan mejor y, por extensión, que desarrollemos conexiones con los demás y empaticemos cuando pasemos por experiencias similares.
Al comunicar nuestras emociones y sentimientos, podemos comunicar mejor nuestras necesidades y límites, lo que puede disminuir la posibilidad de malentendidos y conflictos con los demás, como con nuestros padres, hermanos, amigos, colegas y otras personas con las que nos relacionamos. También nos hace más auténticos porque podemos expresar y mostrar claramente cómo nos sentimos en lugar de embotellar las cosas y mentir a los demás.
¿Qué ocurre si reprimimos nuestras emociones y sentimientos?
Si no comunicamos nuestras emociones y sentimientos y decidimos embotellarlos, puede dar lugar a problemas no deseados.
Cuando reprimimos nuestras emociones, puede dar lugar a patrones emocionales negativos y cambios de humor. Podemos volvernos irritables y tener arrebatos emocionales de vez en cuando. Si nos volvemos irritables y tenemos arrebatos, podemos tensar nuestras relaciones y aislarnos.
También nos estresamos más y desarrollamos ansiedad y depresión si el estrés se vuelve crónico. El estrés crónico no es bueno porque, si no se aborda, también puede provocar problemas fisiológicos como hipertensión, aumento rápido de peso, debilidad muscular e incluso diabetes.
Al no reconocer nuestras emociones y embotellarlas, podemos volvernos propensos a tomar decisiones impulsivas, irracionales e irresponsables. Incluso podríamos desarrollar comportamientos adictivos para sobrellevarlas, como beber alcohol en exceso y volvernos dependientes de sustancias, ya sean legales o ilícitas.










