¿Qué le hace el abuso de drogas al cerebro?
El cerebro humano, una maravilla de complejidad, gobierna todas las facetas de nuestra existencia. Este intrincado órgano, que pesa apenas un kilo, orquesta todos los aspectos de la actividad humana. El cerebro es indispensable desde las funciones corporales esenciales hasta el disfrute de los placeres cotidianos. Regula los procesos corporales fundamentales, interpreta los estímulos y guía el comportamiento. Esencialmente, el cerebro encapsula sus pensamientos, emociones e identidad, dando forma a su propio ser.
El consumo de drogas perturba el intrincado proceso de comunicación neuronal al afectar a la forma en que las neuronas transmiten, reciben y procesan las señales a través de los neurotransmisores. Por ejemplo, sustancias como la marihuana y la heroína poseen una composición química cerebral parecida a la de los neurotransmisores naturales, lo que les permite unirse a las neuronas y activarlas.
Sin embargo, su activación no refleja la de los neurotransmisores naturales, lo que conduce a mensajes distorsionados dentro de la red neuronal.
A la inversa, drogas como la anfetamina o la cocaína incitan a las neuronas a liberar cantidades excesivas de neurotransmisores o dificultan su reciclaje regular, distorsionando o intensificando aún más la comunicación neuronal
El abuso de sustancias puede afectar a regiones cerebrales vitales, cruciales para mantener las funciones vitales e impulsar los comportamientos compulsivos de búsqueda de drogas asociados a la adicción. Entre ellas se encuentran los ganglios basales, que desempeñan un papel fundamental en la motivación positiva, que abarca experiencias placenteras como comer, socializar y las actividades sexuales, así como la formación de hábitos.
Denominadas "circuito de recompensa" del cerebro, estas zonas son estimuladas en exceso por las drogas, lo que provoca la euforia de un subidón inducido por éstas. Sin embargo, con el consumo prolongado, el circuito se adapta, reduciendo su sensibilidad y mermando la capacidad de obtener placer de señales no relacionadas con las drogas.
La amígdala ampliada está implicada en la generación de emociones estresantes como la ansiedad, la irritabilidad y el malestar, que suelen experimentarse durante el síndrome de abstinencia una vez que desaparecen los efectos de la droga. Esta mayor sensibilidad del circuito impulsa a los individuos a buscar de nuevo la droga.
Con el consumo continuado de drogas, este circuito se vuelve cada vez más reactivo. En consecuencia, los individuos con trastorno por consumo de sustancias pueden recurrir a las drogas no sólo por los efectos eufóricos, sino más bien para aliviar el malestar de los síntomas de abstinencia.
Por último, el córtex prefrontal controla la toma de decisiones y el control de los impulsos, especialmente vulnerable durante la adolescencia. Los desequilibrios entre esta área y otras implicadas en la motivación y la respuesta emocional impulsan el comportamiento compulsivo de búsqueda de drogas en los individuos con trastorno por consumo de sustancias. Además, los opiáceos y otras drogas pueden alterar funciones vitales del tronco encefálico, como la regulación de la respiración y el ritmo cardiaco, lo que provoca sobredosis mortales.










